Ley cósmica

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Estatua de la Diosa de la Justicia

La ley que gobierna matemáticamente, pero con la espontaneidad de la llama de la misericordia, toda manifestación por todo el cosmos en los planos del Espíritu y la Materia.

La Ley de Dios y las leyes de los hombres

La maestra ascendida Nada habla de la ley de Dios y de cómo a menudo es pervertida por las leyes del hombre:

Hace muchos miles de años, cuando estaba encarnada en la tierra, practiqué la abogacía ante los tribunales en la Atlántida en nombre de los hijos de la luz. Y durante mis meditaciones sobre la ley de Dios y mis servicios en el templo, percibí la ley de Dios como la defensa segura que la Madre debe utilizar para proteger a sus hijos de las artimañas de este mundo, de los caídos que también buscan usar la ley para sus propósitos infames.

Y así llegamos a una época no muy diferente de aquella en la que yo vivía para servir a la ley de nuestro Dios en el templo y para servir en el templo exterior de las personas como practicante de la ley, como defensora de la justicia, la verdad y la misericordia. Vemos que la civilización ha aumentado y es como el campo de la cizaña y el trigo que ha llegado a su madurez. Casi cualquier cosa que busque bajo el sol puede encontrarse en esta civilización, ya sea de Dios o de Mammón, de hombres o de demonios.

Vemos que los caídos han usado muchos caminos para quitarles a los hijos de Dios su justa porción de luz. Vemos la usurpación de la ley de Dios por leyes creadas por el hombre, y que interfieren con la justicia cósmica. Vemos que estas leyes y su interpretación en los tribunales del mundo con frecuencia están en defensa de la mente carnal y excluyen la defensa del alma en Cristo.

Vengo este día como Madre para llamarte a ser Madre también, para advertirte de aquellas cosas que suceden al final de los ciclos, estas edades son narradas y predichas por los hijos de Dios en cada planeta, en cada sistema de mundos. En la hora del cumplimiento de los ciclos, observa cómo los caídos tomarán la ley, cómo promulgarán leyes para la muerte y destrucción del alma y su lugar en el camino de la evolución solar.

Ves, entonces, que cuando das tus invocaciones por la luz, por la libertad, por lo asequibles de los pactos divinos a los hijos de Dios y por la liberación de la gente de la tierra bendita, a veces estos llamados no pueden manifestarse porque lo impiden las leyes creadas por el hombre. Y estos llamados, por así decirlo, son devueltos a los decretos por aquellas fortalezas que los hombres han erigido con el fin de proteger la bastión y la ciudadela, no del Cristo, sino de los hijos de los malvados y de los hijos de este mundo…

Te aconsejo, entonces, que formes un comité para ver qué leyes están siendo promulgadas por el Congreso de los Estados Unidos, por las legislaturas estatales y en otras naciones del mundo.

Porque cuando estas leyes se ponen en marcha son un decreto hecho por el hombre. Como un decreto autómata, estas leyes sustentan una acción que es Anticristo y que va en contra de la manifestación de la Palabra de Dios, hasta que son impugnadas y revisadas por los tribunales y por el propio pueblo, quienes deben formular un mandato de justicia, de la Palabra de Dios, para desafiar a los legisladores y a los intérpretes de la ley cuando no están alineados con el Cristo.

Dejemos una cosa clara: cualquier ley que no cumple con la ley de Dios no puede mantenerse. Allí está esperando ser desafiada. Cualquier hijo o hija de Dios que perciba la injusticia y la incongruencia de las leyes hechas por el hombre desafiará esa ley en el nombre del Cristo y la llevará ante los Señores de Karma, llamará nuestra atención sobre la existencia de la injusticia, y obtendrá una acción inmediata de nosotros y del Ser Crístico individual…

Me refiero a la ley como instrumento de la salvación del hombre y a la ley como instrumento de destrucción del hombre. La ley es la energía sagrada del poder de Dios, de su gobierno, de su voluntad, de esa energía que surge en el fíat original de la creación.[1] Entonces la ley debe ser respetada, porque es la energía y el fuego sagrado de Dios.

¿Cómo puedes abogar ante Cristo por las gracias y los dones del Espíritu Santo para cada hijo de Dios si no conoces la ley? Por tanto, conoce la ley y estúdiala, tanto las leyes de Dios como las leyes de los hombres. Así podrás ver qué leyes promulgadas en este plano están en conformidad con la verdad y qué leyes son una variación de esa verdad fundamental de la vida, del ser. Las leyes que deben asegurar el camino de iniciación de la humanidad deben ser promulgadas, y las leyes que desvían de ese camino deben ser desafiadas.[2]

Notas

Mark L. Prophet y Elizabeth Clare Prophet, Saint Germain Sobre Alquimia: Fórmulas para la autotransformation.

  1. Gen. 1:3.
  2. Nada, “The Law of the One”, Perlas de Sabiduría, vol. 64 , núm. 13, 1 de abril de 2021.