Noche oscura

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St. Juan de la Cruz, Francisco de Zurbarán (1656)

En el ascenso hacia la perfección, el alma pasa por lo que el místico del siglo dieciséis San Juan de la Cruz describe como la noche oscura. La primera noche oscura se vive cuando uno se encuentra con el retorno de su karma personal, la creación humana que casi borra por completo, por un tiempo, la luz del Ser Crístico y la Presencia YO SOY. Esta noche oscura del alma sirve de preparación para la noche oscura del espíritu, que conlleva la prueba suprema que Jesús afrontó en la cruz cuando exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.[1] En esta iniciación, el alma parece estar completamente separada de la Presencia YO SOY y la jerarquía celestial. El alma debe pasar por la crucifixión y la resurrección sostenida solamente por la luz reunida en su propio sagrado corazón, mientras mantiene el equilibrio del karma planetario.

Tanto en la noche oscura del alma, en la que la luz del alma se eclipsa principalmente por el karma personal, como en la Noche Oscura del Espíritu, en la que la luz de la Presencia YO SOY se eclipsa por el karma planetario, así como por la iniciación Crística, el individuo debe enfrentarse a las pruebas únicas de su corriente de vida y a las comunes a todos en el sendero de la ascensión.

En la noche oscura del alma, “la oscuridad que cubre la tierra” es el peso del propio karma de retorno de cada individuo mientras aprende a enfrentarse al karma mundial. Ambos tipos de karma eclipsan durante ciertos ciclos la luz del alma y, por tanto, su discipulado bajo el Hijo de Dios. Cuando ese karma personal es equilibrado por el alma, debe forjar la identidad Crística, pasar por el matrimonio alquímico (de la unión del alma con el Ser Crístico), y estar en condiciones, si se requiere, de sostener el equilibrio para cierto peso del karma planetario. Esto último ocurre como la iniciación de la Noche Oscura del Espíritu que cada iniciado debe enfrentar como la prueba suprema de su Cristeidad.

La noche oscura del alma, creada kármicamente por el libre albedrío del individuo, es la prueba de la confrontación del alma con su propio karma del bien y mal relativos (el pecado que puede ser perdonado); la Noche Oscura del Espíritu es la iniciación del encuentro del alma con el Gran Dios, el Bien Absoluto, y, por ese Bien en el que se ha convertido, de la derrota del Mal Absoluto, su antítesis. Esto se experimenta como la presencia y la ausencia de la Luz, como Cristo y Anticristo, así como la participación activa y pasiva del Hijo del hombre en los ciclos del Armagedón interior y exteriormente. Esta iniciación trata del pecado contra el Espíritu Santo que es imperdonable,[2] la deificación del Mal Absoluto y la falta de entrega del morador del umbral en el mismo rostro del Dios vivo.

La noche oscura del alma es la tolerancia de la Ley, un período de gracia para que el alma se separe del error y lo transmute; es el requisito previo a la Noche Oscura del Espíritu. Los que han recibido los ciclos necesarios para pasar por la noche oscura del alma, pero no lo han hecho, deben pasar, a pesar de todo, a la iniciación de la Noche Oscura del Espíritu. Esta es la iniciación de la Presencia YO SOY. Es el principio autolimitante de la Ley que no tolera el abuso del Cristo por parte del Anticristo.

Esta última iniciación, dada a santos y pecadores por igual, significa que se ha agotado la oportunidad para que el individuo elija ser Dios. Después de cientos de miles e incluso millones de años de ciclos a través de la rueda del renacimiento, la identidad del alma que niega la Presencia de la Divinidad que habita en su cuerpo –Su Palabra y Su Obra– se anulan por su propio decreto final ratificado por el juicio ante los Veinticuatro Ancianos en la Corte del Fuego Sagrado y la segunda muerte.[3]

El sistema de la Divinidad por la gracia, la misericordia y la oportunidad otorgada a todos por una temporada, asegura que a todas las almas se les dan muchas vidas para arrepentirse de sus malas obras y salvarse. También asegura que, aunque la misericordia es eterna, el mal no lo es. La única esperanza para la perpetuación de la santa inocencia es que la palabra y la obra malignas (incluyendo la del Maligno y sus agentes) pueden ser y son terminadas al concluir los abundantes ciclos de la justicia de Dios extendida a todos.

Véase también

Noche

Para más información

San Juan de la Cruz, “Subida al Monte Carmelo” y “La noche oscura”, en las Obras completas de San Juan de la Cruz.

Elizabeth Clare Prophet, The Living Flame of Love (grabación de audio).

Template:PUC-es, págs. 194–213.

Notas

Perlas de Sabiduría, vol. 37, núm. 1.

Archangel Gabriel, Mysteries of the Holy Grail.

  1. Matt. 27:46; Mark 15:34.
  2. Matthew 12:31.
  3. Rev. 2:11; 20:6, 11–15; 21:8.