Justinius

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Paradiso Canto 31.jpg
"Ungiendo los labios de Isaías con fuego", Benjamín West

El santo Justinius encabeza el orden seráfico de ángeles. Es conocido como el Capitán de las Huestes Seráficas. Presta servicio con Serapis Bey y las legiones de pureza a sus órdenes. Justinius describe su orden de ángeles como seres de fuego que, con sus cuerpos y sus alas, forman anillos concéntricos alrededor del Gran Sol Central. Absorben la luz del Sol espiritual y la entregan a las evoluciones del universo diseminadas extensamente, incluyendo la Tierra, arrastrando siempre nubes de gloria.

Relatos de serafines

San Francisco tuvo la visión de un serafín cuando recibió los estigmas. Encontrándose en estado de éxtasis, vio un serafín con seis alas descender del cielo. El tercer libro de Enoc dice que los serafines «resplandecen como el esplendor del trono de gloria»[1].

La única referencia bíblica sobre los serafines se encuentra en el Libro de Isaías. Isaías tuvo una visión del Señor sentado en un trono y por encima del Señor había serafines, cada uno con seis alas, y se daban voces unos a otros, diciendo: «Santo, santo, santo, SEÑOR de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria». Un serafín puso un carbón encendido tomado del altar sobre la boca de Isaías, y dijo: «Es quitada tu culpa, y limpio tu pecado»[2]. Esta iniciación preparó a Isaías para su misión.

El servicio de los serafines

Usted puede llamar a los serafines todos los días para que le purifiquen de todo aquello que no forma parte de su realidad Divina. Pídales que le preparen para su misión en la vida. Luego trabaje con ellos a diario hasta que la haya realizado. Considérelos como camaradas, hermanos y amigos.

Entre los más grandes sanadores están los serafines. Justinius dice que «si queréis deshaceros de verdad de vuestras dolencias, ¡llamad a los serafines! Ellos pueden emitir el fuego sagrado, depurar y purificar, renovar vuestra corriente sanguínea, daros la juventud eterna. Sólo tenéis que pedirlo y vivir el sendero del que está ascendiendo».[3] Justinius también nos ha instado a «llamar a los serafines para la curación de los seres queridos y de todos los que sufren cargas en el corazón, la mente y el alma. De igual modo, pedid la curación del planeta y de toda la vida sensible. Porque, como sabéis, el propio planeta está enfermo. Y sus habitantes sufren dolor tanto consciente como inconsciente en los varios niveles del ser»[4].

Sanat Kumara, el Anciano de Días, nos ha dicho que aquellos que poseen la llama trina de Dios y que le ofrecen su adoración recibirían cuatro serafines a los que dar órdenes en el nombre de Jesús. «Enviadlos a vuestras misiones», dijo. «Vienen a protegeros y a sellaros de… el karma del mundo que está descendiendo»[5].

Los serafines están aquí para ayudarnos a lograr el éxito supremo, que es nuestra reunión con Dios a través de la ascensión. Justinius nos pide que consideremos la ascensión como meta y que «no la posterguemos para otra vida o para un futuro indefinido»[6]. Vamos ascendiendo a medida que devolvemos a Dios, con palabras y obras así como con el flujo del Espíritu Santo, la energía que él nos ha dado. Este flujo se logra de forma magnífica con la ciencia de la Palabra hablada.

Los serafines son como «llameantes rayas de fuego que pasan por la atmósfera… como rayos cósmicos pueden pasar por la forma carnal del hombre, por sus pensamientos y sentimientos».[7] Los serafines son poderosos ángeles que poseen la cualidad de la «penetrabilidad cósmica», el poder de penetrar por la conciencia humana más densa y transmutar la sustancia instantáneamente. Pueden absorber toxinas de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones, dejando atrás un residuo de pureza.

Justinius explica el servicio de los serafines así: «Venimos para blanquearos y limpiaros, para sanaros». Los serafines

... vienen para servir al alma. Y así vienen pasando por el microcosmos, y su fuego también quema la causa y el efecto de la enfermedad, del veneno, de las toxinas que han estado pasando por vosotros durante tantos años con la comida, el agua, el tabaco y el alcohol que la humanidad ingiere. ¿Quién, si puede saberse, mantendrá a las almas con vida y evolucionando en estos templos corporales sino los ángeles que vienen a servir, que vienen a levantar? La humanidad, os digo, ha sido salvada una y otra y otra vez de las últimas plagas así como de todas las formas de caos, tumultos, desequilibrios y locuras gracias a la presencia de los ángeles.

¡Ahora escuchad esto! Cuando pasan a través de vuestra forma como espíritus de fuego vivo, dejan, como si dijéramos, la tarjeta de visita de su identidad. Esa tarjeta de visita es un foco de fuego que da un tinte a vuestra aura del tono del Sol Central, que da un color ligero al aura como un halo. Y por un tiempo, pues, está ese brillo, esa esencia, ese sentido de bienestar, esa calidez interior»[8].

Justinius fue conocido por primera vez por el mundo exterior cuando escribió las Meditaciones Seráficas en Dossier on the Ascension (Actas de la ascensión), de Serapis Bey. Hablando de su servicio, Serapis ha dicho:

No conozco ningún poder más valerosamente capaz de ayudar a cualquiera hacia su ascensión en la luz que los esfuerzos transmutativos hacia la pureza del Cristo Cósmico que son emitidos por las Huestes Seráficas. En nuestro retiro de Lúxor las meditaciones sobre los serafines son una parte muy importante de nuestra instrucción espiritual. El propio Jesús pasó una gran cantidad de tiempo en comunión con las huestes seráficas. Esto desarrolló en él el superior poder con el que podía expulsar demonios y asumir el control sobre el mundo exterior de la forma[9]

Usted puede pedir la protección de la armadura de Justinius, Capitán de las Huestes Seráficas. Pida y visualice todos los días el color plata, platino y blanco de la armadura y el casco de los serafines. Pida que los grandes anillos electrónicos de fuego de los serafines le rodeen y le sellen.

«Rêve Angélique» o «Sueño angélico», de Anton Rubinstein, refleja el ritmo y las armonías musicales que se encuentran en el centro de nuestro cosmos así como la acción de los serafines cuando forman círculos y niveles concentrando las energías de Dios alrededor del Gran Sol Central.

Véase también

Seraphines

Notas

Mark L. Prophet y Elizabeth Clare Prophet, Los Maestros y sus Retiros, Volumen 1, “Justinius”.

  1. James H. Charlesworth, ed., The Old Testament Pseudepigrapha (Pseudo epígrafes del Antiguo Testamento), 2 vols. (Garden City, N.Y.: Doubleday and Company, 1983–85), 1:28200.
  2. Isaías 6:1–7.
  3. Justinius, “Called of God (Llamados por Dios)”, Perlas de Sabiduría, vol. 28, núm. 22, 2 de junio de 1985.
  4. Justinius, “Appeal to the Seraphim: We Are Bigger than Life! (Apelad a los serafines: ¡somos más grandes que la vida misma!)”, segunda parte, Perlas de Sabiduría, vol. 40, núm. 11, 16 de marzo de 1998.
  5. Sanat Kumara, “The Warning (La advertencia)”, Perlas de Sabiduría, vol. 31, núm. 4, 24 de enero de 1988.
  6. Justinius, “The Army of the Hosts of the Lord (El ejército de las huestes del Señor)”, 6 de marzo de 1977.
  7. Serapis Bey, Dossier on the Ascension (Actas de la ascensión), pág. 130.
  8. Justinius, “Legions of Purity in Defense of the Mother Flame (Legiones de la pureza en defensa de la llama de la Madre)”, 8 de diciembre de 1974.
  9. Serapis Bey, Dossier on the Ascension (Actas de la ascensión), págs. 130–31.